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miércoles, 2 de julio de 2008

madre


Mi madre ha perdido la cabeza. Anda sola por una vida extraña contemplando el mundo que no entiende. Mi madre ha perdido la cabeza. Ha perdido también su cuerpo, sus manos, sus ojos, sus palabras cuerdas.
Qué le puede quedar así a mi madre. Una vida de locos. Conversaciones en las que se desorienta. Pensamientos inútiles. Mi madre ha perdido casi todo. Queda esa parte de vida que recuerda
Ahora por ejemplo ella y yo somos hermanas. Las dos esperamos impacientes en la mesa que nos sirvan la comida, estamos en el Madrid de la posguerra. Nuestro padre llegará pronto, traerá naranjas y pasteles. Con papá viene también la alegría, pero creo que me estoy confundiendo, no estamos en Madrid, ahora vivimos en Marruecos. Todavía no ha comenzado la guerra. Aún disfrutamos los tiempos felices en familia, los tiempos en que las moras vienen a la puerta de casa a vender huevos. Yo aprendí a contar del uno al doce. Cuéntanos abuela. Cuéntanos los números en árabe. Cántanos aquel tango tan raro y tan triste. Ella canta, cuenta y ríe, ríe y nosotros, los niños y yo, también reímos y volvemos a pedirle que nos cuente y nos cante.

Luego vuelve a su silencio, a la lectura a oscuras de un periódico repasando titulares, letras bien alineadas que interpreta y no comprende, como una niña, pero ahora con aspecto de adulta; las piernas cruzadas, las gafas caídas.

Llegan también cada día momentos de sospecha, recelo y malicia. Mi madre guarda sus pequeñas cosas en escondrijos perdidos. Esconde su intimidad, esos objetos que no quiere perder porque sabe que si así ocurriera se le escaparía la vida, lo poco que le queda de ella. A veces no encuentra lo que esconde y grita reclamándome, reclamándome entre otras cosas su espacio, el espacio que dice le he arrebatado.

Yo a veces también me vuelvo loca. Me vuelvo loca buscando, buscando las cosas que desaparecen y buscando el mecanismo secreto de su razón. Por que me cuesta hablar diciéndole sí a todo, me cuesta también tratarla pensando que no es ella, me cuesta llevar puesta esta coraza de olvido, me duele este teatro cotidiano del convivir con una extraña, este paripé de hacer como que está cuando ya no sé por dónde anda.

Mi madre también está desesperada sin entender esta situación de locos. No entiende cómo su vida ha cambiado de pronto. No entiende porqué ella antes sí y ahora no puede.


3 comentarios:

Blogger Maruja ha dicho...

Lourdes no se puede expresar mejor un sentimiento, que yo por desgracia he tenido que vivir y pasar por ello, es muy triste y real… FELIZ VERANO

3 de julio de 2008 a las 4:26  
Blogger Mª Teresa Martín González ha dicho...

Hermoso el escrito. No hay mejor palabra que la que sale del interior de uno mismo y de sus inquietudes, temores y esperanzas.

En cuanto a la estructura, me ha gustado como has ido formando las frases, como enlazabas con las repeticiones.

Un saludo y ánimo.

Buen verano.

3 de julio de 2008 a las 14:41  
Blogger Angela Magaña ha dicho...

LOURDES AMIGA: ¡Que impresionante! ¡Cómo haces que, el que lea, lo viva contigo!
Sin embargo tú estás siendo para tu madre ahora, lo más que se puede ser :una madre!!! Pasará el tiempo y tu estarás contenta de haber sido, por turnos, lo que ella piensa que eres en cada momento: hermana...o lo que sea. Ella , cuando esto pase seguirá siendo para ti, tu madre única, la de siempre, la de antes.
Yo, perdí a la mía hace 35 años. No tengo la suerte de tener conmigo a una hija como tú. Todos están lejos o en sus vidas, aunque se portan muy bien. Nunca, he recordado a mi madre tanto como ahora que estoy obligada a no moverme casi. Nada hay como la madre, pero tú, estás siéndolo para ella.
Lo siento de verdad, pero siempre te quedará el recuerdo positivo de haber llenado sus pérdidas y vacios mentales. De haberla acompañado.
¡Animo! Te mando mucho cariño, por si te sirve de algo.
P.D. Me voy a poner bien enseguida.
UN ABRAZO FUERTE DE VERDAD.

15 de julio de 2008 a las 2:14  

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