votación

Creo que es ella, tiene la mirada de siempre, seria, desconfiada. Parece un poco mayor, mayor para sus años, de verdad está estropeada, otro de nuestros tiempos no la hubiera reconocido. Yo sin embargo no puedo olvidarla. Anduvimos inseparables los años intensos del bachillerato. Ella, mi mejor amiga quién lo diría, un buen día desapareció , justo al terminar el colegio. No le gustaban mis amigos, lo sé, no le gustaba mi vida. Seguro que adivino a quién votará, mírala se esconde en la cabina para elegir su papeleta, igual que se perdía cuando la llamaba y la llamaba y no le interesaba mostrárseme oculta en sus pensamientos, en sus suspicacias absurdas.
No sé si saludarla ¿qué hago? ¿Sabrá quién soy? ¿Se alegrará de verme? Quizás no quiera recordar aquél tiempo feliz de la infancia. Creo que va acompañada de otra cara seria, parecen alejados, lejanos el uno del otro, ella no parece contenta, supongo que no son felices, pero ¿y yo? Quién soy yo para juzgar.
Deseo abrazarla, abrazar quizá esa parte de mi infancia, reencontrarme con aquellas niñas felices. No quiero dejarla ir así, no quiero dejar pasar esa parte de mí que con ella fue alegría, risas, cariño. No quiero verme abandonada de nuevo como cuando partió sin decir adiós, sin explicar apenas nada, sin una mirada, sin un gesto. Creo que me ha visto pero vuelve la cabeza. Creo verla mirarme de reojo mientras rebusco entre las papeletas mi elegida, sin esconderme, que me vea, que imagine, que compruebe que soy la de siempre, que nada he de ocultar aunque me cueste, me cueste mostrarme de esta manera a costa de su desidia. No quiere saludarme, y yo no puedo acercarme así, no podría soportar otro de sus desaires. Pasamos cerca, nos rozamos casi. Ella con su ropa bien planchada, su pelo brillante y yo que olvidé quitarme estos pantalones antiguos, que vengo con los zapatos más usados, me siento indefensa , me humilla su mirar de reojo y no acercarse pero ¿ y yo? ¿qué pensará ella? Ella tan seria con su compañero meditabundo. Puede que me tache de cobarde, de estúpida.
Una persona de la mesa lee en voz alta mi nombre mientras comprueba los datos en mi carné de identidad. Siento que da un respingo y vuelve a mirarme de reojo pero supongo que como antaño, ahora que sabe de mi presencia aquí, aprovecha la situación para de nuevo salir a prisa por la puerta seguida de su hombre que no debe entender nada, como yo.
Vuelvo a tocar el pasado otra vez de refilón cuando percibo tras sus pasos el aroma de su colonia favorita.
Definitivamente, aunque ya no seamos las mismas, todavía queda algo de nosotras.

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