La primera noche fuera de casa
Mirando hacia el oeste, el día seis de julio, sobre las 20:50, Saturno, Marte y Régulo aparecen alineados junto a la luna creciente.
Este verano va a ser diferente. Este mes de julio ya es distinto. Algo cambió de pronto.
A las doce Hércules preside el firmamento, Arturo descendiendo a un lado, Altaír, Vega y Deneb por el este levantándose. Hacia el sur, encima del mar, titilando, Antares.
Dónde estás tú ahora. En qué universo de sentidos te encuentras acostada, quizá despierta todavía. Qué estrellas asoman por tu ventana esta noche de verano. Tu ventana nueva, tu cama que ahora es féretro oscuro en mi sentir de hija huérfana.
Madre, madre te llamo y ya no estás en nuestro mundo, el mundo que vivimos tanto tiempo. Estás en otro sitio que no conozco, que no podemos compartir. Ya eres de otros. Ahora eres hija de otros que apenas adivino. Tu vida, mi vida ya son otras.
Madre, por qué no puedo ir a consolarte. Madre, por qué ya no puedo ser capaz de consolarte. Y es que ya no soy hija de aquella que eras. En un suspiro veo que pasas a ser esa piedra viva en la que crecen el musgo y los líquenes. Ya no me conoces. Has entrado en un mundo inaccesible. Un mundo que no entiendo aunque quisiera, ese mundo de los seres inertes pero vivos.
Porque seguro madre te convertirás en roca, roca granítica cubierta de musgo fresco cuando llueva. Por encima de ti correrán lagartijas y tomarán el sol tumbadas las culebras. Se posarán los pájaros y cruzarán también de paso las hormigas arrastrando semillas, cosquillas suaves en tu cuerpo templado de julio. Tú estarás ahí siempre madre, siempre mientras yo viva, que una roca así resiste siglos. Estarás observando el cielo que yo miro, las mismas estrellas nos señalarán en un momento, nuestro parecido, nuestros genes, la parte que somos de lo mismo.
Ya no eres madre, aunque yo me empeñe así en llamarte, ahora eres hija, la hija que arropan las estrellas.
Duerme tranquila madre, descansa poco a poco de esta vida de locos. Olvida, olvida, continúa olvidando todo aquello que se le ocurra oscuro a tu incierta cordura.
Que los viejos astros velen tu sueño de niña, que la brisa del monte, ese monte tan tuyo que seguirá presidiendo el paisaje de tus últimos años, aleje los momentos tristes y de melancolía.
Buenas noches madre. Mañana será otro día de sol en el que posiblemente cederá la amargura de esta noche larga.
Este verano va a ser diferente. Este mes de julio ya es distinto. Algo cambió de pronto.
A las doce Hércules preside el firmamento, Arturo descendiendo a un lado, Altaír, Vega y Deneb por el este levantándose. Hacia el sur, encima del mar, titilando, Antares.
Dónde estás tú ahora. En qué universo de sentidos te encuentras acostada, quizá despierta todavía. Qué estrellas asoman por tu ventana esta noche de verano. Tu ventana nueva, tu cama que ahora es féretro oscuro en mi sentir de hija huérfana.
Madre, madre te llamo y ya no estás en nuestro mundo, el mundo que vivimos tanto tiempo. Estás en otro sitio que no conozco, que no podemos compartir. Ya eres de otros. Ahora eres hija de otros que apenas adivino. Tu vida, mi vida ya son otras.
Madre, por qué no puedo ir a consolarte. Madre, por qué ya no puedo ser capaz de consolarte. Y es que ya no soy hija de aquella que eras. En un suspiro veo que pasas a ser esa piedra viva en la que crecen el musgo y los líquenes. Ya no me conoces. Has entrado en un mundo inaccesible. Un mundo que no entiendo aunque quisiera, ese mundo de los seres inertes pero vivos.
Porque seguro madre te convertirás en roca, roca granítica cubierta de musgo fresco cuando llueva. Por encima de ti correrán lagartijas y tomarán el sol tumbadas las culebras. Se posarán los pájaros y cruzarán también de paso las hormigas arrastrando semillas, cosquillas suaves en tu cuerpo templado de julio. Tú estarás ahí siempre madre, siempre mientras yo viva, que una roca así resiste siglos. Estarás observando el cielo que yo miro, las mismas estrellas nos señalarán en un momento, nuestro parecido, nuestros genes, la parte que somos de lo mismo.
Ya no eres madre, aunque yo me empeñe así en llamarte, ahora eres hija, la hija que arropan las estrellas.
Duerme tranquila madre, descansa poco a poco de esta vida de locos. Olvida, olvida, continúa olvidando todo aquello que se le ocurra oscuro a tu incierta cordura.
Que los viejos astros velen tu sueño de niña, que la brisa del monte, ese monte tan tuyo que seguirá presidiendo el paisaje de tus últimos años, aleje los momentos tristes y de melancolía.
Buenas noches madre. Mañana será otro día de sol en el que posiblemente cederá la amargura de esta noche larga.

4 comentarios:
Me ha emocionado, has hecho algo verdaderamente bonito y emocionante.
Pero ya no tienes que consolarla. Tú necesitas más el consuelo,espero que el haber expresado tan bien tus sentimientos te de paz.
Te mando un abrazo muy fuerte. Piensa que ella no sufre.
Buenas noches: mi amiga
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
QUE FORMA DE ESPRESAR LOS SENTIMIENTOS; CREO QUE TIENES UN DON ESPECIAL, ME HA CONMOVIDO TU RELATO. MARUJA
Vuelvo a leerlo y me vuelve a conmover.
Echo de menos nuestro diario escribir: el de todos. No debemos permitir que nuestro afán se agoste ¿Qué podemos hacer?
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio