por debajo del agua

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sábado, 27 de octubre de 2007

Francisco Ayala







A veces al terminar un libro quedas un poco huérfana, como si algo te faltara. Esto acaba de pasarme con las memorias de Francisco Ayala. Quedé sin su palabra, tantas noches acompañándome antes de dormir o en esas horas de insomnio frío y solitario. Pasaba las hojas y atrás iban quedándo los años fecundos de su vida.
Tengo que agradecer al autor este paseo por la historia tan ameno, tan humano, estos retratos tan bien relatados donde sus colegas y amigos, muchos de ellos conocidos por todos como Borges, Victoria Ocampo, Ortega y Gasset, León Felipe, Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez, Dámaso Alonso, Max Aub, Tierno Galván, etc., reviven durante unas páginas, y lo hacen con su mejor cara. Ayala los describe de una manera afectuosa y a la vez desinteresada y desapasionada, dándoles una gran credibilidad al relucir la objetividad de que es objeto su talante amable, observador y perspicaz.
Me llama la atención su mirada positiva en el sentido de no hablar mal de nadie, aún cuando de muchos tenga motivos evidentes: en ningún momento desacredita a Juan Ramón con sus rarezas conocidas, tampoco da importancia a las críticas u opiniones retorcidas hacia su persona e incluso cuando regresa a España y se reencuentra con su amigo de infancia Melchor Fernández Almagro, Melchorito como él le llama, quien le lanzara al mundo de las letras en Madrid, persona por la que sentía un profundo cariño, comprende y empatiza con este asustado y evasivo personaje que teme sentarse a tomar un café junto a un rojo venido del exilio. Describir estas situaciones, estos personajes sin emitir un juicio de valor, sin que asome un atisbo de contrariedad, simplemente explicar lo que sucede, lo que es en ese momento, me parece de una sabiduría envidiable. El haber llegado a ese punto después de atravesar las barreras del exilio, con lo que supone: pérdida del país, también la profesión, muchos amigos, la familia, haber perdido a su padre y a un hermano de manera brutal e inconcebible durante la contienda, y como digo, gozar de un carácter comprensivo, tolerante, positivo, me parece lo vuelvo a decir, de una calidad humana fuera de serie.
Os animo a leer este libro de memorias en el que os garantizo poco a poco iréis acercándoos y entablando amistad con Francisco Ayala de cuya intensa vida hoy y siempre mucho podremos aprender sin duda.

viernes, 19 de octubre de 2007

hay días

hay días en los que parece no pasar nada, días que van despacio, situaciones que se estancan, espectativas que dejan de ser, movimientos imperceptibles de tan lentos,
pasos dejando una huella hueca en la senda invisible del deseo. aquí, todavía, aquí, de pié,

hay días estúpidos en los que ni el viento,
ni el viento puede levantar el hilo de mi voz