por debajo del agua

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martes, 25 de diciembre de 2007

sombrero de astracán


Por un barrio céntrico de la ciudad, se desplaza en silla de ruedas. La conduce una jovencita de rasgos indios. En su rostro una sonrisa forzada, una sonrisa puesta a tono con el sombrero de astracán negro, exageradamente holgado en su cabeza.
Quizá hubo otro tiempo en que esa cabeza, más joven, lo luciera perfectamente encasquetado dejando asomar suaves mechones de cabello rubio.
Ese pelo, ahora tan rubio como ralo, y su abrigo gris, también de astracán, continúan ofreciendo la imagen de una mujer elegante, de cierta clase, con un cierto status, muy alejado, seguro, del de la mayoría.
La estampa es chocante: la riqueza, el poder, circulando por una calle cualquiera de la ciudad, conducidas por una jovencita emigrante. La vejez agarrada, bien asentada en una silla de ruedas. La decrepitud maquillada y bien vestida. La juventud, la necesidad, tirando de unas ruedas arcaicas que aún siguen dando órdenes.