madre

Mi madre ha perdido la cabeza. Anda sola por una vida extraña contemplando el mundo que no entiende. Mi madre ha perdido la cabeza. Ha perdido también su cuerpo, sus manos, sus ojos, sus palabras cuerdas.
Qué le puede quedar así a mi madre. Una vida de locos. Conversaciones en las que se desorienta. Pensamientos inútiles. Mi madre ha perdido casi todo. Queda esa parte de vida que recuerda
Ahora por ejemplo ella y yo somos hermanas. Las dos esperamos impacientes en la mesa que nos sirvan la comida, estamos en el Madrid de la posguerra. Nuestro padre llegará pronto, traerá naranjas y pasteles. Con papá viene también la alegría, pero creo que me estoy confundiendo, no estamos en Madrid, ahora vivimos en Marruecos. Todavía no ha comenzado la guerra. Aún disfrutamos los tiempos felices en familia, los tiempos en que las moras vienen a la puerta de casa a vender huevos. Yo aprendí a contar del uno al doce. Cuéntanos abuela. Cuéntanos los números en árabe. Cántanos aquel tango tan raro y tan triste. Ella canta, cuenta y ríe, ríe y nosotros, los niños y yo, también reímos y volvemos a pedirle que nos cuente y nos cante.
Luego vuelve a su silencio, a la lectura a oscuras de un periódico repasando titulares, letras bien alineadas que interpreta y no comprende, como una niña, pero ahora con aspecto de adulta; las piernas cruzadas, las gafas caídas.
Llegan también cada día momentos de sospecha, recelo y malicia. Mi madre guarda sus pequeñas cosas en escondrijos perdidos. Esconde su intimidad, esos objetos que no quiere perder porque sabe que si así ocurriera se le escaparía la vida, lo poco que le queda de ella. A veces no encuentra lo que esconde y grita reclamándome, reclamándome entre otras cosas su espacio, el espacio que dice le he arrebatado.
Yo a veces también me vuelvo loca. Me vuelvo loca buscando, buscando las cosas que desaparecen y buscando el mecanismo secreto de su razón. Por que me cuesta hablar diciéndole sí a todo, me cuesta también tratarla pensando que no es ella, me cuesta llevar puesta esta coraza de olvido, me duele este teatro cotidiano del convivir con una extraña, este paripé de hacer como que está cuando ya no sé por dónde anda.
Mi madre también está desesperada sin entender esta situación de locos. No entiende cómo su vida ha cambiado de pronto. No entiende porqué ella antes sí y ahora no puede.
